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El futuro que aguarda a las energías eólica y fotovoltaica

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En este artículo la Fundación FAES analiza profundamente cuál es el futuro de las energías eólica y fotovoltaica ante la que será la gran subasta de energía renovable en España en estos últimos años, que ha generado gran expectación por el sobrecoste que pudiera suponer para el sistema eléctrico.

Históricamente, el desarrollo y construcción de plantas de generación eléctrica con energía solar y eólica ha tenido que realizarse en todo el mundo mediante el establecimiento de ayudas o primas, que tenían como fin establecer unos incentivos especiales frente al puro y simple mercado. En España, los incentivos a las energías renovables y a la cogeneración se remontan a 1980. Por diversas causas -"efecto llamada", superación del objetivo de potencia, repercusión sobre el sector eléctrico de la mayor parte de la carga del compromiso de introducción de las renovables- hubo que reformar el sistema de incentivos, con el Decreto Ley 12/2013, la posterior Ley del Sector Eléctrico 24/2013 y sus desarrollos reglamentarios, que mantienen un sistema de retribución por el que las plantas de energía renovable gozan, en función de su fecha de instalación, de un sistema de incentivos frente al mercado; eso sí, un sistema que se adapta a los cambios del mercado para evitar la sobreretribución.

La realidad del año 2016 en el mundo ha sido que, cuando se han ofrecido por las entidades concedentes unas condiciones claras -con gran volumen para aprovechar economías de escala, contratos de largo plazo estables, en el entorno de los 20 años, y con garantías de cumplimento-, los precios ofertados han batido las mejores estimaciones de éxito para el consumidor y están por debajo de la energía convencional, incluso a los precios actuales de los combustibles. En todo caso, los datos disponibles no hacen otra cosa que corroborar la tendencia a la baja de las energías renovables por debajo de los precios de la energía convencional, especialmente la fotovoltaica, cuya tendencia de mejora de rendimientos y reducción de precios es constante año tras año.

Por otra parte, el cumplimiento de los compromisos de plena descarbonización que nos hemos dado como país, con horizonte 2050, en el contexto de los acuerdos alcanzados en París a finales de 2015, pueden parecer más alcanzables y más asumibles económicamente, abren un debate de cómo llegar al objetivo de la forma más eficiente, esto es, respetando un equilibrio razonable entre la triada de objetivos de todo modelo energético hoy día: seguridad de suministro, competitividad y cumplimiento de los compromisos de reducción de emisiones.

Está claro que, tras la subasta del 17 de mayo, vendrán más subastas, puesto que será necesario aumentar nuestra generación renovable para cumplir con los compromisos adquiridos. En consecuencia, otra cuestión que necesita ser considerada es el efecto de añadir potencia a un sistema ahora ya sobrecapacitado, lo que supondrá desplazar aún más a otras tecnologías de generación, que son necesarias para dar firmeza y flexibilidad al sistema ante la intermitencia impredecible que todavía hoy padecen las fuentes de generación renovable.

Estamos ante un problema que no es otro que la efectiva integración en el mercado de energías de coste marginal cero e intermitentes. Esta circunstancia va a producir una disrupción en los mercados eléctricos tal como están concebidos actualmente. Los mercados marginalistas, nuestro "pool" entre ellos, no han sido diseñados para tecnologías de coste marginal cero, como en la práctica son la eólica y la fotovoltaica.

El gran reto de los próximos años será la reforma del mercado eléctrico de generación -el "pool"- no sólo en España sino en el mundo, y abordar y solucionar cuestiones críticas como los pagos por capacidad y el almacenamiento, para resolver el problema de la intermitencia de las energías verdes que se proyectan con precios por debajo de la energía convencional, pero no con seguridad de suministro.

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